
Sé que la imagen no es buena, queridos/as lectores/as, pero es la mejor que tenía entre mis archivadores.
Está tomada a menos de un kilómetro de Roncesvalles. Como bien dice Salva, una estampa primeriza pero pronto familiar: la espalda de un peregrino bajo un manto verde oscuro.
A seguir disfrutando
Ojos de Lobo
"¿Sabes lo que es realmente hermoso, querida mía? Que dentro de ese maravilloso escenario tú te sientas parte de él.
El sentirse parte de algo, de algo más grande que un simple grupo de gente, algo más allá de lo material… ese aura que te envuelve y que te hace sentirte a gusto, esa fue una de las primeras cosas que me tocó descubrir aquella mañana.
Fue de la forma más fortuita que te puedas imaginar.
Caminaba absorto en el paisaje que antes te he relatado cuando, sin saber de dónde, surgió ante mí eso que las gentes llaman crucero. Un mástil de fría piedra blanquecina que sostiene, en su máxima altura, una cruz adornada de esa o de otra manera. Según había leído, estos pequeños monumentos cristianos eran una de las señas de identidad del Camino de Santiago. Quizá por eso, a pesar de mi poca vocación religiosa, o porque me impresionó tanto que no pude continuar caminando, me detuve unos instantes frente a la cruz. Estando allí se me vinieron a la cabeza cientos de pensamientos: mi familia, mis amigos, mi vida, lo que pudimos pensar y no pensamos, lo que pudimos decir y no dijimos, lo que pudimos hacer y no hicimos…
En fin, una serie de ideas que sería absurdo contarte ahora, mi niña, pero que serán protagonistas en otras partes de mi relato, te lo aseguro.
Lo importante es que, sin saber muy bien porqué, me acerqué hasta el crucero y lo abracé. Fue entonces cuando un espíritu pareció salir de la gélida superficie pétrea y me susurró al oído: “Ahora ya eres parte de esto”. Justo en ese momento, un rostro cubierto por un pañuelo azul, encapuchado, pasó delante de mí, sin detenerse y mirándome con sus ojos oscuros me dejó más petrificado que la propia piedra. Después, ni una sola palabra, únicamente me guiñó el ojo y estoy seguro de que bajo su coraza de tela, sonrió.
No sé cuantos minutos pasaron, pero cuando volví de mi ensoñación ya había desaparecido. "
(...)

dentro de ese maravilloso escenario tú te sientas parte de él.
ResponderEliminarestoy seguro de que bajo su coraza de tela, sonrió.
Esto se pone muy interesante
ResponderEliminar