viernes, 24 de diciembre de 2010

Carta VI El Perdón... (1ªparte)


Hoy, en una noche especial, sólo puedo ilustrar este inicio de carta con una foto de otra noche realmente especial. Como Salva, yo también contemplé esta estampa y, a decir verdad, un millón de emociones me recorrieron la espalda. Una curiosa coincidencia.
Allí estaba. La gran ciudad rendida a mis pies. Y estrellas, miles de estrellas recordándome, otra vez, lo maravillosas que son esas pequeñas cosas que tiene la vida, como contemplar el anochecer desde una fortaleza de la Orden de Malta. ¡Una delicia!

Ojos de Lobo

VI.- El Perdón…



"La oscuridad. Esa temible enemiga de los que, como yo, añoramos la luz de un sol que ahora nos es inalcanzable. Una compañera de andanzas entre estas cuatro paredes que, poco a poco, he ido aceptando con recelo pero sin olvidar el horrible presagio que me aventuran.

Cuando necesito alejarme de este monstruo no tengo otra cosa que hacer que pensar en ti, verme a mi mismo a tu lado. Una imagen muy recurrente en mi defensa ante la penumbra, es el verme sobre el escenario, repitiendo frases plagadas de sentimientos que quizá ya no sienta jamás. Sin embargo, tú estás ahí abajo, sentada sobre esa silla que enmarca tu figura. Mi rostro impasible se topa, como por sorpresa, con tu mirada y sin saber cómo, un nudo en el estómago y un escalofrío que recorre mi espalda, hace que naufrague en ese manantial de luz. Pero sólo imagino… ya nunca volverás a estar allí, observándome cuando no soy yo, o cuando soy más yo que nunca.

Me encantaría volver sentirme así de indefenso y a la vez con una seguridad pasmosa. Lo creas o no, querida mía, tu sola presencia me transmite seguridad, sosiego, ansias de superación… llámalo como quieras, pero junto a ti soy una persona diferente en todos los sentidos… ¿por qué en este habría de ser de otra forma? No sé si mejor o peor, pero diferente.

Es absurdo. En fin, no creo que a día de hoy alguien piense que mis palabras no son absurdas, pero en ese momento en que te imagino ahí, es como si el mundo se detuviera, como si recurrieras al poder de paralizar el tiempo para que tu sonrisa me sustente. Como si escuchara, quizá más por ilusión que por realidad, un susurro que sólo es audible para mí y que con una ternura desgarradora me confesases cuánto me necesitas y cuánto te gustaría no tener que hacerlo.

No fue algo tan especial como aquello, pero la noche con Uli fue para enmarcar.
La pequeña decepción de saber que al final el hospitalero no podía hacernos la tortilla de patatas que nos había prometido, se disipó con una conversación entre la Compañía y aquel peregrino alemán que parecía sacarnos no sólo años de experiencia sino también de sabiduría. En primer lugar, mi niña, vas a quedarte sin aliento cuando te diga que Uli venía de la frontera entre Alemania y Suiza, pero literalmente. Sí, dos meses andando llevaba aquel peregrino. Desde Suiza, pasando por Italia, Francia y entrando a España por el mismo lugar que nosotros, Roncesvalles. Aquel sí que era un héroe, un Peregrino de los pies a la cabeza, una persona que hoy aún recuerdo y no puedo sino derramar una lagrima de felicidad, de satisfacción al haber compartido con él tantísimas cosas durante el Camino. Pero bueno, esa historia ya llegará, Laura, no nos impacientemos.

De momento sólo puedo decirte que Uli no sólo tenía previsto llegar a Santiago, sino también volver por el Camino del Norte, bordeando la costa cantábrica, volver a entrar en Francia y regresar a su casa. Todo esto andando, por supuesto, con una mochila de unos veinte kilos a la espalda y con una ilusión inaudita. Un año. Un año caminando sin más meta que la de comer, dormir y levantarse al día siguiente con la fuerza necesaria para recorrer otros treinta kilómetros con un didjeridu en la mano derecha. Admirable, no encuentro otra palabra mejor.

Pero es que esto no es lo único que le hace especial, mi niña, es que tendrías que escucharle hablar. ¡Qué espíritu! ¡Cómo me ha recordado a ti, en cierto modo! Tiene una treintena de primaveras que le han dejado experiencias y emociones que se resumen en que se ha dado cuenta de que jamás debemos perder esa ilusión, esas ganas de vivir, ese espíritu infantil que nos hace hacer cosas extraordinarias. Regalándonos un millar de consejos en un inglés casi perfecto (que yo entendía sin saber cómo) bajo las ruinas de la fortaleza de la Orden de Malta, he comprendido que tenemos mucho que aprender de estos personajillos: no sólo es su aspecto, su mochila, su risa, su inteligencia… es el aura que desprende. Nunca había encontrado alguien que me hiciera sentir tan a gusto sólo con su mera presencia. Nadie excepto tú, querida mía, me había dado tanto sin apenas hacer nada.

Una maravilla de noche que, además, ha resultado perfecta cuando, en la lejanía hemos contemplado una estampa de cuento de hadas: las miles de lucecillas de Pamplona y sobre éstas, las imágenes creadas por unos fuegos artificiales que han conseguido que, por primera vez, una lágrima corriera por mi mejilla.

Felicidad. Creo que aquella noche me hizo una fugaz visita."

(...)

viernes, 17 de diciembre de 2010

Los peligros del café caliente

- Sabes que me dejaste plantada.

- Lo sé, intenté que...

- Y que además no estoy acostumbrada a que los hombres me dejen plantada con tanto descaro - sonrió.

Creo que también sonreí. No estoy seguro. Ahora bien, cuando sentí que su tono de voz pasaba de "estás muerto, chaval" a un cálido "es broma, no pasa nada", todos los músculos de mi cuerpo se relajaron de tal manera que mis manos dejaron resbalarse la taza de café, provocando una situación la mar de comprometida. Yo, como buen caballero que soy, intenté disimular, claro.

- Acabas de tirarte medio café encima, lo sabes, ¿no?

- ¿Cómo? Sí, no te preocupes. Es este frío. Que me deja las manos heladas y... ya sabes....

- Ya sé, sí - fue en ese momento en el que me di cuenta lo mucho que me gustaban sus ojos. No los ojos en sí, sino la forma magistral en que aquella mujer los utilizaba para transmitir cualquier cosa que se propusiera -. Dime, ese viaje tuyo... ¿ha sido fructífero? ¿Encontraste lo que buscabas?

- Sinceramente... creo que no. No he encontrado lo que buscaba. Aún. Pero sí que he encontrado el camino por el que debo seguir para dar con ello. Todo a su tiempo. Además, no ha sido fácil.

- Quiero que sepas que siento lo de tus abuelos y que imagino que nada puede hacerse para que ese dolor no permanezca en ti durante un tiempo. Espero que no pienses que soy una egoísta desconsiderada por lo que voy a decirte pero... ¿estás seguro de poder seguir con el blog? Para hacer algo a medias o mal, por el motivo que sea, prefiero parar esto aquí y ahora.

Y ahora os preguntaréis, ¿qué pensaste cuando ese tono, esas palabras, esa característica mirada, se clavaron en ti como mil puñales ardiendo al dudar de tu capacidad para llevar este proyecto a buen puerto? Diréis, ¿cómo reaccionaste ante la mínima confianza de una persona que meses atrás había confiado en ti con los ojos cerrados?, ¿qué sentiste al verse tu orgullo tocado por una persona que ni siquiera había tenido la decencia de decirte su nombre y se permitía el lujo de disponer de tu tiempo y trabajo como bien le parecía? Pues la respuesta es esta: yo todavía no me lo creo.

- Mira, chica - comencé, calmado -, me parece bien que me asaltes en iglesias y me hagas sentir especial porque una mujer más o menos hermosa se acerca a mí sin llevar diez copas encima; me parece bien que me pidas cosas absurdas a primera vista y yo, como un tonto, acepte sólo por la forma que tienes de mirarme; no digo nada del trabajo, arduo trabajo, que supone traducir las cartas que me diste y que, por otro lado, me encantan; me da igual que te presentes en mi casa a las tantas, sin avisar, para decirme no sé qué cosas; incluso puedo tolerar que, por hablar contigo por teléfono, haya quemado media cocina; pero hay algo que no voy a consentir. Y es que alguien que ni siquiera ha tenido el valor o la decencia de decirme su nombre, y que no me conoce en absoluto, dude de mí a la hora de hacer un buen trabajo en algo que yo mismo he aceptado y me he comprometido. No seré tan artista como Salva o Nerón, de acuerdo, pero lo que hago bien... lo hago bien. Y si digo que "he vuelto" y que voy a continuar, es que lo voy a hacer. Y no estoy aquí para tirar la toalla, estoy aquí para decirte que todo marcha bien y que sigo adelante. Así que... si no te parece mal, empieza a confiar en mí, querida.

¡Y cómo sonó ese "querida"! Yo pensé, nada más decirlo, que iba a venir acompañado de una sonora bofetada, al estilo película. Pero no fue así. Ella siguió mirando su taza de té, yo apreté la mandíbula (no para parecer más fiero, sino porque si no lo hacía, corría el riesgo de soltar toda una retahíla de disculpas). Pasaron un par de siglos, una Guerra Mundial y unas vacaciones de verano... y entonces... ella sonrió. Se levantó de la silla, dejó una moneda de 2 euros sobre la mesa y, ni corta ni perezosa, me dio un beso en la mejilla.

- Alba. Encantada de nuevo, Ojos de Lobo. Veo que sigues en plena forma. Me alegro. Te llamaré. ¡Cuídate mucho!

Y se fue. Sí, quedó comprobado que quedarse quieto como un pasmarote no ayuda a que una mujer se quede cuando está dispuesta a irse. Ni aunque pueda ser una táctica de psicología inversa. Así que... ¿qué iba a hacer yo allí? ¿quedarme? Pues sí, eso hice. Más que nada porque no me gusta salir detrás de las damas que te abandonan en cafeterías, pero sobre todo porque mis pantalones aún estaban chorreando de ese café demasiado caliente.

Ojos de Lobo







martes, 14 de diciembre de 2010

Carta V Buen Camino... (9ªparte)

"“Así que eres tú, tú eres el que vas a dar sentido a este viaje. No voy a engañarte, jamás había pensado que podría encontrarme con alguien así, tan diferente, tan atemporal, como salido de mis más bellas fantasías. Quizá tengamos tiempo de compartir más de un pensamiento. Quizá ese texto que ahora te tiene absorbido sea la continuación de ese extraño texto que me diste la pasada noche. No lo sé, pero quiero pensar que sí, y además tengo la corazonada de que sus letras también serán recorridas por estos ojos que ahora te contemplan, con admiración, asombro y miedo.

Por si no lo sabes, me encantó lo que me escribiste. Un buen regalo en un sitio como este, desde luego. Me cautivó tu forma de escribir, tu ternura… no te voy a ocultar que incluso esa tal Naila que parece acompañarte me llamó poderosamente la atención. Creo que es de esas mujeres que cautivan antes de enamorar. Ojalá algún día conozcas a Laura, su presencia misma puede ser tan cautivadora, tan irresistible, que a veces a mí mismo me cuesta no lanzarme a sus brazos. Pero, volviendo a tu amiga, ¿camina contigo?, ¿dónde está ahora?, ¿podría ella decirme quien eres tú, de donde vienes, qué buscas?

Que iluso. Ni yo mismo sería capaz de responder a esas preguntas si se refiriesen a mí.

No lo sé. No sé lo que va a ser de mí en estos días. Al menos ahora estoy acompañado de Carlos. No es la mejor compañía porque nuestro carácter choca como el mar contra el acantilado. Sin embargo, ambos se necesitan para no perder su encanto. ¡Qué sería del mar si no golpeara con furia contra la roca, produciendo las más embrujadoras formas espumosas que se pierden en el aire! ¡Qué sería del acantilado si la mar no lo moldease con el cincel más puro, regalando a la naturaleza siluetas de otro mundo!

Espero que algún día te unas a la Compañía del Camino. Te estaremos esperando”



Aquello fue lo que me dije a mí mismo, como si pensase que Nerón podría escuchar mis pensamientos.

Ignoro el tiempo que estuve pensativo, pero al volverme para salir al exterior, la noche ya se había apoderado de Cizur. La luna ya se había alzado en lo más alto, las estrellas ya se habían levantado y se desperezaban con brillos tintineantes.

La oscuridad se había apoderado del mundo y sólo los astros nos recordaban que aún quedaba vida por allá arriba y nos aseguraban que una vez más, la luz ocultaría sus rostros a la mañana siguiente. Así, en la noche, concluye esta carta que, una vez más, nació por ti, vive por ti y morirá, si el tiempo lo desea, sólo por su dueña, por mi muy querida Laura… por ti, mi vida, por ti.



Desde aquí y por siempre.

Salva"


 

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Una explicación

Pues sí, os debo una explicación y creo que, por el camino que nos ha unido, es mi deber daros al menos un argumento para justificar mi tan larga ausencia.

Un viaje inesperado. Esas tres palabras podrían resumir lo que han sido estos meses desde que, el 19 de Septiembre, nos viésemos por última vez por estos lares.

No voy a decir que no haya tenido medios físicos para continuar con el trabajo que se me encargó y que con gusto acepté. No puedo justificar mi silencio más que diciendo que mis manos, mi corazón y mi mente no se han encontrado en un momento propio como para unir esfuerzos y escribir.

Siento que he abandonado a Salva en un lugar del camino. Lo sé. Pero también sé que, esté donde esté, comprende que un pobre diablo como yo, en ocasiones, se vea privado de la razón y sobre todo la motivación para hacerle de emisario. Hubiese sido el peor de los correos si lo hubiese hecho sumido en los avatares de este viaje que os comento. Así pues, pragmático ante todo, opté por la huelga completa a un paro parcial y de indeterminados efectos en las cartas del Peregrino.



Además, quiero pedirle disculpas a mi dama desconocida que, con tanto entusiasmo se coló en mi vida y que, por el mismo viaje del que os hablo, tuve que dejarle plantada y sin más explicación que una nota mal escrita entregada por un camarero no demasiado creyente en esto de las huídas a otros mundos menos duros que el día a día. Espero que, en cuanto lea este mensaje, me dé la oportunidad de vernos y, ya no de perdonarme ella, sino de darme un motivo para intentar perdonarme yo mismo.



A vosotros/as... ¿qué decir? Que os he añorado. Y que aunque la añoranza no justifique la ausencia, a veces la hace más llevadera. Si me habéis esperado del mismo modo que lo he hecho yo... os pido disculpas y os doy las gracias en una misma frase. Más allá de eso... sé que no puedo hacer nada.



Y por último, recordar a dos personas que se han marchado en este periodo en el que un servidor ha estado ausente. Dos personas a las que quise y quiero con locura y a las cuales, sea como sea, van dedicadas estas y todas las líneas que desde ahora mi mano tenga a bien crear. Estéis donde estéis, abuelos, esto es para vosotros.

Porque sí, porque me habéis dado tanto que no sabría como agradecerlo de otro modo. Porque Salva ha sido capaz de revelarme ante el mundo, y él y Laura compartirán, de buen grado, el placer de hacer llorar y reír únicamente con unas letras.

Porque una vez me fui... lo sé... pero ahora... HE VUELTO.



Ojos de Lobo