martes, 14 de diciembre de 2010

Carta V Buen Camino... (9ªparte)

"“Así que eres tú, tú eres el que vas a dar sentido a este viaje. No voy a engañarte, jamás había pensado que podría encontrarme con alguien así, tan diferente, tan atemporal, como salido de mis más bellas fantasías. Quizá tengamos tiempo de compartir más de un pensamiento. Quizá ese texto que ahora te tiene absorbido sea la continuación de ese extraño texto que me diste la pasada noche. No lo sé, pero quiero pensar que sí, y además tengo la corazonada de que sus letras también serán recorridas por estos ojos que ahora te contemplan, con admiración, asombro y miedo.

Por si no lo sabes, me encantó lo que me escribiste. Un buen regalo en un sitio como este, desde luego. Me cautivó tu forma de escribir, tu ternura… no te voy a ocultar que incluso esa tal Naila que parece acompañarte me llamó poderosamente la atención. Creo que es de esas mujeres que cautivan antes de enamorar. Ojalá algún día conozcas a Laura, su presencia misma puede ser tan cautivadora, tan irresistible, que a veces a mí mismo me cuesta no lanzarme a sus brazos. Pero, volviendo a tu amiga, ¿camina contigo?, ¿dónde está ahora?, ¿podría ella decirme quien eres tú, de donde vienes, qué buscas?

Que iluso. Ni yo mismo sería capaz de responder a esas preguntas si se refiriesen a mí.

No lo sé. No sé lo que va a ser de mí en estos días. Al menos ahora estoy acompañado de Carlos. No es la mejor compañía porque nuestro carácter choca como el mar contra el acantilado. Sin embargo, ambos se necesitan para no perder su encanto. ¡Qué sería del mar si no golpeara con furia contra la roca, produciendo las más embrujadoras formas espumosas que se pierden en el aire! ¡Qué sería del acantilado si la mar no lo moldease con el cincel más puro, regalando a la naturaleza siluetas de otro mundo!

Espero que algún día te unas a la Compañía del Camino. Te estaremos esperando”



Aquello fue lo que me dije a mí mismo, como si pensase que Nerón podría escuchar mis pensamientos.

Ignoro el tiempo que estuve pensativo, pero al volverme para salir al exterior, la noche ya se había apoderado de Cizur. La luna ya se había alzado en lo más alto, las estrellas ya se habían levantado y se desperezaban con brillos tintineantes.

La oscuridad se había apoderado del mundo y sólo los astros nos recordaban que aún quedaba vida por allá arriba y nos aseguraban que una vez más, la luz ocultaría sus rostros a la mañana siguiente. Así, en la noche, concluye esta carta que, una vez más, nació por ti, vive por ti y morirá, si el tiempo lo desea, sólo por su dueña, por mi muy querida Laura… por ti, mi vida, por ti.



Desde aquí y por siempre.

Salva"


 

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