
Un foto sin título. No creo que haga falta.
Al igual que un lugareño puede ser un reducto maravilloso en el que refugiarse para conversar o simplemente tomar prestada su mirada, que tanto y a tantos ha contemplado, lo es también un espacio como este. Una estampa única que nos aleja del polvoriento camino y nos hace pensar que, en cualquier momento, van a hacer acto de presencia las hadas, elfos, gnomos y demás criaturas del bosque.
Puede que ahí estén, escondidos en esa foto. No se ven pero, ¿podéis sentirlos?
Ojos de Lobo
"El día seguía pasando. Y el Alto de Erro se hizo un obstáculo fácilmente salvable para alguien con una energía renovada y con un buen bordón en su mano derecha.
El paisaje sigue siendo espectacular. A veces casi agachado para no toparte con el follaje que crece sobre mi cabeza, como el mejor de los techos.
Llegaba el momento de comer.
No sé si te he dicho antes que había traído unas cosillas de la gran ciudad, algo que me sirviera para comer durante un par de días, ahorrándome dinero y tiempo una vez comenzado el Camino.
No iba a prepararme un manjar, por supuesto, pero la situación y el escenario hicieron de esa comida algo muy especial: Cocinar con un camping gas un sobre de pasta en un medio cazo, escondido por si alguna autoridad decidía aguarme la fiesta, es una de las cosas que recomiendo se experimenten. Entonces es cuando sabrás, Laura, lo bien que se come en casa.
Por fin, y tras soportar el sol justiciero de las 4 de la tarde, llegué al pueblecito que, por una noche, sería mi residencia personal.
Estaba agotado, eso no puedo negártelo, pero no creo que fuera precisamente por eso por lo que me sentí pletórico al llegar hasta allí. ¿Sabes por qué? Lo había conseguido. Había logrado completar mi primera etapa, algo más de 25 kilómetros, una distancia que había recorrido con mis propias piernas, una distancia que, hasta ese día, me había parecido monstruosamente enorme. Lo había conseguido y en parte por ti.
No sé, ni puedo imaginarlas en el sueño más eterno, las palabras de agradecimiento y de cariño que me encantaría decirte ahora, mientras me instalo en una habitación junto a dos italianas y una inglesa.
Si estuvieras aquí, sentada en esa roca al lado del cauce del río, observando como lavo la ropa contra una piedra, te gritaría, quizá miles de veces, lo orgulloso que me siento de ti, lo feliz que me siento por tenerte a mi lado aunque en la distancia.
Si hubieras permanecido allí, tumbada en aquel césped y dándote cuenta, como yo, que no había nada que hacer en aquel lugar, posiblemente un par de sonrisas y unas palabras de aliento me hubieran mantenido ocupado hasta el atardecer.
Si hubieras permanecido allí, tumbada en aquel césped y dándote cuenta, como yo, que no había nada que hacer en aquel lugar, posiblemente un par de sonrisas y unas palabras de aliento me hubieran mantenido ocupado hasta el atardecer.
En realidad, en este devenir de aburrimiento e ilusión, me he dado cuenta de una verdad que traspasa los cimientos de la lógica. Y es que, llegada mi hora, podría decirte que te quiero tantas veces como fueras capaz de escuchar y sin embargo eso sólo nos recordaría que quizá, en algunas ocasiones, el amor no es suficiente… ni mucho menos.
Ensoñaciones de un loco, palabras que se desvanecen… no las tengas en cuenta, querida mía… yo me desvaneceré con ellas. "
Ensoñaciones de un loco, palabras que se desvanecen… no las tengas en cuenta, querida mía… yo me desvaneceré con ellas. "
(...)

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