jueves, 3 de junio de 2010

Carta III: Principios... (1ªparte)

Santa María de Roncesvalles

Antes de dar comienzo a la tercera carta, he querido mostraros el interior de la colegiata de Roncesvalles, allí donde, al igual que Salvador, yo también recibí mi misa del Peregrino. No soy yo de aquellos que creen en el "Omnipresente jugador de destinos humanos", pero lo que sí es cierto es que aquí dentro, uno siente cosas extrañas. Llamadlas como queráis.

Es sólo eso. Un pequeño obsequio para los que me siguen por estos lares. Y una advertencia... abrochaos los cinturones, empieza el Camino.

Ojos de Lobo



III.- Principios…


"Una verdadera maravilla.

No tengo otras palabras para definir los impresionantes paisajes que, uno tras otro, se iban sucediendo frente a mí. Ni en el mejor de los sueños había tenido la oportunidad de sentir, de contemplar, tantísima vegetación, tanta belleza natural. La verdad es que deberías de contemplar esto y compartirlo conmigo, Laura. Estoy seguro de que al menos conseguiría arrancarte una mueca de asombro y una sensación de paz que no se paga con la mejor de las vistas de Madrid.

Como te dije, salí el último del albergue de Roncesvalles, sin mucha idea de hacia donde comenzar a caminar. Por eso, ante la duda, lo más sensato ha sido seguir al primer personaje con mochila al hombro que he visto. No creas, querida mía, que no he sido siempre fiel detractor de la idea de seguir al prójimo para alcanzar tu objetivo, pero aquí es una de las señales más fiables que te puedas encontrar. Eso y las flechas amarillas. Había leído por algún librillo de esos que llevamos los más novatos, que todo el camino está señalizado con esas marcas, como si quisieran recordarnos la senda de baldosas amarillas de la maravillosa fábula del Mago de Oz. Irónico, sí, pero real como la vida misma. Esas flechas sacarían de apuros a más de uno durante su viaje, incluyéndome a mí. Eran las brújulas más exactas, la seña de identidad del Peregrino, la única presencia que estaría con nosotros día y noche, la única que no nos dejaría nunca. Así, bajo su amparo y tu recuerdo, di mi primer paso hacia Santiago."

(...)

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