"Cuando llevas caminados ya quince kilómetros y parece como si las piernas no sintieran el cansancio, es cuando la alegría que te rodea se hace aún más fuerte. Que iluso fui, no sabía lo que me esperaba unas jornadas después. Pero no adelantemos acontecimientos.
Lo verdaderamente interesante es la escena que voy a relatarte.
Llegué a un pueblo, a otro más, y allí, no las piernas mas si el estómago empezó a quejarse. Ya hacía al menos un par de horas que había comido mi último bocado así que decidí buscar un sitio adecuado para tomarme (no te rías) un ColaCao bien fresquito.
Allí estaba él. Sentado en un banco de madera verde y comiendo un trozo de torta. Me detuve antes de dar el paso de sentarme a su lado. Ni siquiera para comer se había retirado la capucha, por eso mirarle era completamente absurdo. Allí me preparé mi segundo desayuno, en un termo y con un cartón de leche que había comprado en la tienda de la aldeucha anterior. Entonces me miró.
- Hola peregrino.
Fue lo único que se me ocurrió decirle. No contestó, ni siquiera pareció escucharme pues siguió comiendo como si nada. Me iba a costar entablar conversación con aquel extraño personaje, más aún después de saber lo que estaba a punto de rebelarme.
Se levantó con intención de marcharse. Se giró hacia mí, mirada contra mirada, y se señaló el oído y después la boca, cubierta por el pañuelo. Después movió la cabeza negativamente. No hizo falta más. Volví a perderle de vista.
Fue así, sentado en aquel banco de madera verde, tomando mi primer desayuno al aire libre, cuando descubrí que el peregrino de la capa, el extraño personaje, era sordomudo."
(...)


grande ColaCao =)
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