jueves, 17 de junio de 2010

Carta III Principios... (6ªparte)

De camino al Alto de Erro


La imagen de hoy es uno de esos ejemplos de cómo civilización y Camino se han dado la mano en una más que respetable armonía.
Una carretera que parece precipitarse al vacío unos metros más allá. Helechos custodiando su cauce. Un abrigo verde que lo envuelve todo, como dos manos que protegen al caminante. Y, cómo no, un peregrino. ¿Qué más se le puede pedir a una foto?
Ojos de Lobo





"Pero que sería del Camino, querida mía, sin los lugareños. Sin esa gente que ofrece su hospitalidad, su cariño (y a veces sus malos modos) a aquellos que día tras día transitan frente a la puerta de sus casas, sin pedir más que un mínimo de consideración.
Hay de todo, Laura. En eso no hay demasiada diferencia con la ciudad. Si te topas con alguien dispuesto a agradarte, dale gracias al cielo y si no es así, tampoco levantes la voz ni te quejes, quizá tú no agrades tampoco a alguno de ellos.
Hay que tener en cuenta que algunos sufren esa afección que yo he llamado amabilidad forzosa.
A uno de estos lugareños le recordaré con especial cariño. Fue justo antes de comenzar a subir el llamado Alto de Erro, el tramo más duro de la etapa y el primer puerto importante. Allí un anciano, con una vitalidad y unas ganas de vivir pasmosas, vendía bordones hechos artesanalmente. De las ganas de vivir, mi niña, no puedo sino callarme al estar dirigiéndome a una de las personas que sin duda tiene ganado el Paraíso por su fuerza. Esa persona eres tú, por si mi prosa no ha resultado ser demasiado clara.
Lo que si te diré es que me ofreció, además de un caramelo de los que su esposa se encargaba de hacer, un bordón.

- Si aún no tienes bordón es mejor que te lleves uno. Vas a ver cómo te ayuda en tu camino. Además son sólo 5 Euros – al verme dudar, continuó – Y qué son 5 Euros hoy en día, eso no es nada.

Se me escapó una carcajada. De nuevo una paradoja. En Madrid 5 Euros no son nada, como bien dijo aquel hombre. Te puedes tomar un par de refrescos y da las gracias. Aquí, en el Camino, 5 Euros eran mi presupuesto diario para la comida.
Ahora dime la verdad, mi niña, si esto lo hubieras pensado en el momento, ¿hubieras comprado aquel bordón que, a decir verdad, tampoco era nada del otro mundo?


Pues eso fue lo que yo hice. No pensar. "



(...)

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