Pues sí... no os engañó la vista ni estáis teniendo un mal sueño de esos que mojan sábanas y almohadas con el sudor de un terror casi siempre menos fiero de lo que parece.
Soy yo, Ojos de Lobo.
La última vez que me dirigí directamente a vosotros fue para deciros que, tras un pequeño parón, había vuelto para continuar con mi trabajo. Eso fue hace más de un año.
No quiero que penséis que os mentí. En aquel momento estaba convencido de que iba a poder con todo, que iba a poder sobreponerme a las circunstancias y no tirar la toalla. Como muchas veces me ha ocurrido... me equivoqué.
La vida que uno lleva, a veces, resulta demasiado exigente como para darse tiempo a disfrutar de las pequeñas cosas, incluso de las grandes cosas que se salen de la norma. A veces nos olvidamos que no hay mayor condena que la de encadenarse uno mismo al carro de la monotonía. Pero lo más triste, es que casi siempre nos tienen que pasar cosas horribles o traumáticas para que se nos encienda la bombilla y nos demos cuenta, casi como si de una rebelación orgásmica se tratara, del mal rumbo que llevamos al no prestar atención a nuestro propio rumbo, a nuestro propio camino.
Pero es así. Yo he pasado por una enfermedad de cuyo nombre no voy a acordarme. Y ha sido eso lo que me ha vuelto a despertar y lo que, hace unos días, me hizo desempolvar unas viejas cartas que tenía ya olvidadas. Las cartas que me dio aquella mujer, de la que no he sabido nada en muchos meses, y que estaban firmadas por un joven llamado Salvador.
Quiero hacer un pacto con vosotros. No sin antes dar la bienvenida a los nuevos y desear que, cuanto antes, puedan ponerse al día con las cartas ya publicadas. De veras que no llevará demasiado tiempo y, salvo que me equivoque, no creo que os disgusten demasiado. Así pues, os invito a iniciar este viaje por el principio. Más que nada porque si no... no creo que entendáis nada a partir de este momento.
A los que ya me conocen y no me han abandonado (que serán los menos), decirles que lo siento mucho y que, si les parece, pueden releer por encima algunos pasajes de cartas anteriores para refrescar su memoria. De un modo u otro, intentaré, en algunos de mis pasajes posteriores añadir referencias que faciliten que, esos detalles que se han perdido con el tiempo, afloren en vuestra memoria.
Ahora hablemos del pacto. Está claro que ha pasado mucho tiempo y que es imposible no tenerlo en cuenta. Aún así, os pido un enorme esfuerzo. Ahora entenderéis porqué: a partir de ahora, vamos a fingir (vosotros y yo) que todo este tiempo han sido apenas unos días. Voy a escribir como si nada hubiese pasado. En primer lugar porque así será mucho más fácil reengancharse al hilo de la historia; en segundo, porque así siento que traiciono un poco menos a Salva al haberle tenido relegado a un segundo plano durante tantos meses; y en tercer lugar... porque así me evito tener que pedir perdones y disculpas que, aunque se merecen, no llegarían, en ningún caso, a justificar tan larga ausencia. Y en este caso no sólo pensando en vosotros, sino también en aquella mujer que, hace tanto tiempo ya, me regaló la oportunidad de vivir esta aventura.
Alba era su nombre, como recordaréis de una de mis últimas entradas. Con ella he mantenido, hace apenas unos minutos, una conversación especial. Por lo extrañamente corta que ha sido. Únicamente me ha dicho una cosa: "Partamos de cero. Como si nada hubiese pasado. Continúa. Tendrás noticias mías. Mucha suerte y bienvenido de nuevo, Ojos de Lobo".
Evidentemente, esto vino precedido de una carta, leída a través del altavoz del teléfono, que tuve a bien escribir unas horas antes con la peregrina intención de mandársela al correo postal cuando, idiota de mí, no tenía apuntada su dirección por ninguna parte.
Así que mientras yo recitaba lo escrito, ella escuchaba.
Había pensado publicar esa carta por aquí también pero... al final he decidido que no es necesario. Dejadme que sean las únicas palabras que he intercambiado con Alba de las cuales no habéis sido testigos.
Desde luego, y no sé si por intuición o por ser lo más lógico, que tendré noticias suyas muy pronto.
Así pues... arrancamos de nuevo.
Ya no voy a decir que espero que esto dure mucho o no volver a abandonaros. La vida es una maravillosa caja de sorpresas y, nos guste o no, nunca sabemos donde nos puede llevar el vaivén de unas olas tan caprichosas como son las del destino. Lo que sí os aseguro es que, el tiempo que estemos juntos, seáis de los nuevos o de los que ya han seguido mis pasos, espero que sea tan mágico como las aventuras de aquel que un día cualquiera, por estos o aquellos motivos, echó a andar por un Camino ancestral y legendario. Quizá así, en mitad del caos de nuestra apresurada existencia, caigamos en la cuenta, vosotros y yo, que en la vida no hay mal camino, sino pésimos caminantes.
Un abrazo de bienvenida
Ojos de Lobo

Que bueno que retomes el trabajo y que lo sigamos disfrutando. Buen camino peregrino!
ResponderEliminarUn final bien reconvertido ;) Sto. Tomás...
ResponderEliminar