Masas verdes colocadas sobre el trigo como a pinceladas.
Cuento 2ª parte
"Fue en uno de esos asedios, mientras contemplaba a lo lejos como las enormes torres de asedio se destruían como por arte de magia y desaparecían, cuando mi padre murió y quedé huérfano, pasando a formar parte de la servidumbre de un afamado peletero. Mi suerte fue tan desgraciada durante mis tres primeros meses, que decidí, por la gracia del cielo, abandonar este mundo y reunirme con mis padres, si es que aún estaban en alguna parte.
Justo cuando había terminado de atar la soga a aquel roble retorcido, la vi por primera vez. Era joven, rondando los 25 años, y en su rostro, sufrimiento y belleza echaban un pulso. Ojos oscuros, profundos y que sólo eran superados por unos labios que, si hubiesen sonreído en aquel momento, me hubiesen ahorrado el sufrimiento en la soga, pues habría muerto de inmediato.
Se acercó a mí, montada en un caballo negro, y jamás olvidaré sus palabras:
- Escucha chico, el vivir o el morir no es tan importante como para decidir una u otra cosa. Lo verdaderamente importante es saber vivir y morir con dignidad. Eso es lo único que persigue el buen corazón y lo que hoy, parece ser, que tú has decidido no seguir persiguiendo. Mal hecho, chico, pero allá tú.
- ¿Acaso me ofreces tú una forma de vivir digna? Si supieras lo que ha sido mi vida durante estos últimos meses, tú misma atarías otra soga junto a la mía.
- Te ofrezco la muerte, chico, pero una muerte que todos recordarán. Te ofrezco rubricar tu final en la hazaña que nadie ha osado. Nadie excepto un gran hombre que hoy nadie recuerda. Morirás de igual modo. Tú eliges.
Tal fue el impacto que causaron aquellas palabras en mí, que sin saber cómo, me vi de nuevo en el suelo y a su lado, acariciando a su montura.
- Acompáñame.
No dijo nada más. No hizo falta más que eso para que mis pasos se unieran a los suyos. En un abrir y cerrar de ojos, y mientras la observaba con especial interés, volvimos a mi destartalada aldeucha, donde mi amo ni siquiera había reparado en mi desaparición. Aquella noche la pasamos en la posada. No quiero extenderme en relataros las historias que me contó aquella mujer, ni lo extraño que me pareció que no tuviera un nombre con el que poder llamarla, únicamente os transcribiré, de la forma más precisa y breve que me sea posible, lo que me contó acerca de nuestro objetivo, la inexpugnable y endemoniada Montemar.
- La ciudad no fue siempre un nido de demonios, como lo es ahora, como ya te he contado, una vez fue morada de caballeros y aristócratas de alto renombre. Después llegaron los asedios, la tragedia y el hechicero que, dicen, embrujó sus murallas. Sin embargo, lo que la historia no recuerda, más bien por propia conveniencia, es que un hombre consiguió entrar en Montemar después del embrujo. Lo sé, nunca has oído hablar de tal cosa, pues la gente no podía permitirse contar una leyenda en la que dejara a los grandes ejércitos y caballeros ilustres como ridículos personajes al lado del hombre que atravesó sus murallas. Mi abuela me lo contó, y es de la única persona que jamás escuché una mentira. Me dijo que aquel caballero se dirigió allí, nadie sabe con cuantos hombres ni si utilizó maquinaria de asedio… sólo se sabe que entró y que ninguno de sus hombres logró hacerlo aparte de él mismo.
Ahora te digo, muchacho, si el pudo, yo también podré hacerlo. Llevo años viviendo sin sentido, sin saber qué se espera de mí, sin comprender las maravillas que ante el ser humano se presentan y que éste sólo puede contemplar embelesado y sin encontrarles su verdadero sentido. Mi objetivo es luchar por esta vida, por esas cosas bellas… y sólo venciendo a un rival tan poderoso, la propia leyenda, conseguiré sentirme realmente... viva. Si quieres acompañarme, ya que en tan poco aprecias tu vida, no te lo impediré. Es más, te lo aconsejo. Puede que tras esa niebla encuentres el sentido a muchas cosas y las ganas para no acabar tus días colgado de una soga, en medio de la nada."
(...)


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