"Con todo, poco a poco, la figura de Peregrino, se va haciendo más real. Deja de ser una simple palabra para convertirse en un hecho. Y sin darte cuenta, te integras en ese grupo de gente con un fin común, te conviertes en Peregrino, el más hermoso apelativo con el que he contado jamás. Me encanta darme cuenta de que, sin quererlo, me siento integrado en esa banda de desconocidos que te sonríen en el baño mientras te lavas los dientes. Ya sabes, querida mía, que no soy de esos que se integran fácilmente. Tan sólo en esa excavación tan poco usual, que desde aquí echo de menos, he conseguido sentirme miembro de algo superior, de una familia. Y más estando a tu lado, otra de las cosas que desde este frío Pirineo Navarro, echo en falta.
Hay algo que me ha llamado poderosamente la atención dentro de este enorme grupo que hoy partirá de Roncesvalles. No hay prácticamente ni un sólo español. Es algo extraño si tenemos en cuenta que estamos en España y que, eso espera uno, el Camino de Santiago es una de las rutas más frecuentadas por los habitantes de su propio país. Me resisto a creer que el motivo sea que no tenemos el suficiente coraje como para empezar al Camino desde el principio.
A pesar de todo, siempre existe la excepción que confirma la regla y al menos un Peregrino si que hablaba castellano. Miento, debería de decir Peregrina.
Era una chica, a primera vista no aparentaba más de 20 años. Morena, media melena, con unos ojos muy bonitos pero nada más que destacara en su rostro por encima de cualquier jovencita de su edad. Su figura era bastante atlética, sin llegar a resultar atractiva como para perder la cabeza. Si a esto añadimos su forma de vestir, típica del peregrino que se precie, no puedo decir que fuera una maravilla de la naturaleza.
A pesar de todo no pude evitar verla con otros ojos. He de confesarte, Laura, que si me la hubiese encontrado en cualquier otra situación, en cualquier otra parte, ni siquiera me hubiese detenido en fijarme en detalles que me permitieran describirla con posterioridad, y se hubiese quedado como una de tantas personas que se cruzan en mi vida. Sin embargo, bien por ser la única con la que tenía posibilidades de entenderme en un futuro o porque echaba de menos el abrazo de una mujer, la miré con ojillos tiernos.
A pesar de todo, siempre existe la excepción que confirma la regla y al menos un Peregrino si que hablaba castellano. Miento, debería de decir Peregrina.
Era una chica, a primera vista no aparentaba más de 20 años. Morena, media melena, con unos ojos muy bonitos pero nada más que destacara en su rostro por encima de cualquier jovencita de su edad. Su figura era bastante atlética, sin llegar a resultar atractiva como para perder la cabeza. Si a esto añadimos su forma de vestir, típica del peregrino que se precie, no puedo decir que fuera una maravilla de la naturaleza.
A pesar de todo no pude evitar verla con otros ojos. He de confesarte, Laura, que si me la hubiese encontrado en cualquier otra situación, en cualquier otra parte, ni siquiera me hubiese detenido en fijarme en detalles que me permitieran describirla con posterioridad, y se hubiese quedado como una de tantas personas que se cruzan en mi vida. Sin embargo, bien por ser la única con la que tenía posibilidades de entenderme en un futuro o porque echaba de menos el abrazo de una mujer, la miré con ojillos tiernos.
Querida mía, hay veces que se nos va más que la mirada, la cabeza. Momentos de locura transitoria que no llevan a ninguna parte, te lo garantizo. Hoy, a punto de concluir mi vida, puedo decirte que los amores a primera vista son, por definición, locura sin medida.
Es verdad que perdí a aquella chica a mitad de la jornada, aquella que se reconocía por llevar unas botas blancas, y es cierto también que mi corazón, a pesar de latir con fiereza, no hacía otra cosa sino advertirme de mi sueño, de que en realidad no sentía nada. No sé si lo habrás sentido alguna vez, querida mía, mas te aseguro que no existe momento más bello ni más loco, aunque después todo vuelva a la normalidad. Y por mí, te digo una cosa: Ojalá todo el mundo estuviera loco."
(...)
Es verdad que perdí a aquella chica a mitad de la jornada, aquella que se reconocía por llevar unas botas blancas, y es cierto también que mi corazón, a pesar de latir con fiereza, no hacía otra cosa sino advertirme de mi sueño, de que en realidad no sentía nada. No sé si lo habrás sentido alguna vez, querida mía, mas te aseguro que no existe momento más bello ni más loco, aunque después todo vuelva a la normalidad. Y por mí, te digo una cosa: Ojalá todo el mundo estuviera loco."
(...)

No todos están locos... pero te diré una cosa; solo las mejores personas lo están
ResponderEliminar