viernes, 6 de agosto de 2010

Conversación a dos bandas

- Iván, te estoy diciendo que no llegó a entrar en mi casa y que, si lo hubiese hecho, no hubiese sido para lo que tú y yo estamos pensando. Sí. No, no tienes que repetírmelo. Ya sé que tiene un cuerpo de escándalo y que me tengo que dar prisa en decirle algo pero... ya te dije que no cogí su móvil. ¡Pues no lo sé! Sí, seguramente era eso lo que estaba mirándole.

Mira Iván, una cosa está clara. Esto está empezando a gustarme. Pero de una manera poco... adulta. A ver si me entiendes. Lo de descifrar las cartas y eso, el tío de la capa, los pergaminos... parece de película. Y si me hubieses dicho hace unos meses: oye, te va a pasar tal. ¡Ja!, me hubiese reído en tu cara. ¡Me siento como el protagonista de una novela! Si antes nuestra vida parecía sacada de un programa de televisión... ¡ahora ni te cuento! ¿A quién se le puede ocurrir esto? Oye, pero que yo voy a por todas con Salva, con Nerón, con Laura... y con la chica esta. Sí, sobre todo con la chica.

Y otra cosa te voy a decir... algo tengo a mi favor. Lo he estado pensado. No, no es otra de mis paranoias. ¡Escucha un momento! A ver... si Salva está haciendo el Camino de Santiago con tanto ímpetu y en su día le escribió a Laura estas cartas... eso sólo puede significar que lo hizo entero. ¡Déjame que acabe! Pongamos que hace el Camino entero. Yo sé lo que es eso. Es, como mínimo, un mes. Llevo cuatro cartas trascritas... para un total de 2 días de viaje que, en mi caso, ya van tres meses... ¡te das cuenta de que a este ritmo la rubia va a tener que estar rondándome una eternidad! Ya sé que es un poco rebuscado pero... ¡no te rías, joder!

Iván, espera un momento, creo que me llaman al móvil. No cuelgues, un segundo.

¿Quién es? ¿Cómo? - tú, tú, tú... ¡es ella! ¿Quién va a ser? La rubia. Espera. - ¡Ah, perdona... me has pillado... ¡cenando... haciendo la cena quiero decir! Dime, dime - Tsss, Iván. Que dice que quiere quedar para vernos.¡ Así, de golpe y porrazo! - Aham, sí... pues verás... ahora me pillas liado. Sí, sí, ya me imaginaba que no era ahora... ¿Mañana? Espera... - Cancelamos lo de mañana, Iván. ¿Qué? No, creo que no le haría gracia lo de quedar los tres. - Sí, está bien. Mañana. Me viene bien. No tenía nada pensado. Iba a ser un día muy aburrido.- ¡No, no se te ocurra aparecer por allí que te la corto! - Que parece que se me corta, digo. Perdona... es la batería del móvil. Por mí quedamos aquí, sí. ¿En el Continental? - Aunque a ti te parezca cutre llevo a todas las chicas ahí, Iván. Es como jugar en casa. -
A las siete. Está bien. ¿Qué me pareció el pergamino? Pues... viejo... y... no, a ver, es bastante inquietante. Me gustaría saber más de él pero... no, no he leído más, yo sigo tus órdenes... ¡las de Salva, quiero decir! Además... mi perro se llamaba Nerón. ¿Hola? ¿Sigues ahí? ¿Hola?

Me ha colgado. Que sí. Que se ha reído y me ha colgado. Ha sido por lo del perro, seguro. Siempre acabo jodiéndola, no sé como lo hago. Pero... ¡eh! ¡se ha reído! y acabo de quedar con ella! Bueno, ella conmigo, pero para el caso es lo mismo. Ah, que es mejor... si tú lo dices... me fio de ti. Oye, ¿hueles eso? No me ha dicho como se llama... Ya sabes que a mí siempre se me olvidan los nombres pero... no sé... En serio, ¿no hueles como a quemado? ¡Joder! ¡Noooooo!

¡Mi cena!

Ojos de Lobo

1 comentario:

  1. Oh y publicas esto y me dejas con la ansiedad de saber qué pasará mañana! que mañana será otro día!pero la miel en los labios...grrñ

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