miércoles, 25 de agosto de 2010

Carta V Buen Camino... (3ªparte)



"Los pueblecitos que tan maravillado me habían dejado horas antes, ahora se iban transformando otra vez, como por arte de magia, en pequeños núcleos urbanos que rodeaban a Pamplona.

Definitivamente las cosas habían cambiado. Aquel paisaje era diferente, pero no por ello dejaba de ser especial. ¿Te has planteado alguna vez cargarte una mochila de 11 kilos a la espalda, tu cantimplora colgando, vistiendo una ropa que más bien parecen jirones de ti, con una gorra de estilo cuestionable, apoyándote en un palo que repiquetea a la par que tu caminas… y ponerte a andar por Madrid? La gente te miraría como sólo saben mirar los estúpidos e ignorantes: con recelo y desencanto.
Sin embargo aquí no ocurre eso. La gente te mira y sonríe, como queriendo darte fuerzas. Los coches se detienen cuando cruzas una calle y te hacen un gesto amistoso cediendo el paso al Peregrino. Los niños que caminan junto a sus madres cuchichean al verte y entre asombrosas palabras - como sólo un niño puede fabricar - escuchas:

- Mamá, ese chico es del Camino de Santiago, ¿a que sí?

Después de haber leído ya varias cartas, incluso tú misma podrás concluir conmigo en que después de oír sus vocecillas no hay mayor satisfacción.

Ahí estaban, como un verdadero portal al Paraíso, como un titán que te da la bienvenida con semblante serio y esquivo, pero siempre vigilante.
Las enormes murallas de Pamplona eran una auténtica pasada. No sé si es que con esto del Camino no lo recuerdo, pero creo que son las murallas más altas y sólidas que he visto en mi corta existencia. Ha sido después de cruzar un coqueto puentecillo de piedra que se levantaba altivo sobre el río, cuando mi corazón se ha paralizado con tal muro. De color grisaceo, en algunas partes casi negro, y con plantas que brotaban de sus juntas, en la parte superior de la fortaleza. Lo realmente asombroso es que apenas se aprecian las líneas entre sillar y sillar, entre piedra y piedra, lo que hace que parezca una pared de una sola pieza.
Bueno, querida Laura, podría estar inventando adjetivos para aquella maravilla toda la mañana, mas estoy seguro de que acabaría cansándote, así que te invito a que tu mismas las contemples, y después compartiremos sueños.
Eso siempre."

(...)

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