martes, 3 de agosto de 2010

Carta IV De vuelta... (6ªparte)


La gran urbe espera.
A las afueras, los contrastes entre lo moderno y lo antiguo presagian el reencuentro. El cauce del río, los coches aparcados, el puente y la iglesía de piedra, el edifico adosado en su espalda...

Sin duda un buen momento para haber encontrado compañía.

Ojos de Lobo



"Carlos y yo, o como decidí bautizarnos, La Compañía del Camino, no hubiésemos podido continuar si no llega a ser por el frugal almuerzo que íbamos a darnos en aquella ruinosa área de servicio, al pie de la serpiente de asfalto.
No fue tan especial como la mañana anterior junto a Nerón, que por cierto no había vuelto a ver desde su visita misteriosa en plena noche, pero resultó ser un momento para descansar y reírnos hasta de nuestra propia sombra.
Así, dos amigos que se reencontraban en el confín del Camino de Santiago, iniciaban su aventura juntos, una aventura que merece ser contada con todo lujo de detalles y que espero tenerte ahí para compartirla con este pobre desdichado que, en aquel lugar apartado, pensaba en ti, como ahora piensa.

Desde allí, subiendo por un sendero que bordeaba una colina, contemplé la gran urbe que me esperaba allá abajo. Fue paradójico porque era de nuevo Pamplona, el lugar donde había llegado hace días, y al que ahora veía con ojos de peregrino.
Estaba de vuelta.
Pamplona era la misma.
Yo no.

Sin demasiada prisa y después de un par de fotos, la Compañía se puso en marcha y en aquel mediodía de Julio, con un calor que ya empezaba a apretar, susurré para mis adentros lo que ahora mismo he de escribirte aquí, con lágrimas en los ojos:
Me encantaría estar ahí cuando tu paisaje vuelva a ser verde por completo y tus preocupaciones vuelvan a ser mundanas. Si estoy a tu lado para entonces prometo mirarte de frente, cara a cara como a una de las personas que más quiero, tumbarme en tus ojos y susurrarte al oído: “Lo has conseguido”.

Desde aquí y por siempre.
Salva."

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