lunes, 5 de julio de 2010

Carta IV De vuelta... (1ªparte)+Relato

IV.- De vuelta...

"Mi segundo despertar lejos del hogar ha sido algo menos frenético que el anterior. La verdad, mi niña, no he tenido ni que esperar a que la dichosa alarma de mi móvil sonara. Tenía claro, desde el momento en que me acosté la noche anterior, que mis compañeras de habitación se iban a levantar antes que yo, por lo que, por muy discretas que quisieran ser, a un personajillo de sueño ligero como yo, cualquier ruido puede sacarle de su sueño.

Estoy seguro, Laura, que tras leer mi última carta la intriga sobre el extraño documento del sordomudo, te ha hecho empezar a leer con más interés. Sabe Dios -si es que Él entiende de estas cosas tan mundanas- que cuanto esté en mi mano para complacerte se hará con la presteza que me sea posible. Así que, sin más preámbulos, dejo que tú misma leas y juzgues, pues no sería completa ésta, mi historia, sin un relato como el que vas a leer. Tal y como el sordomudo lo escribió, he aquí su contenido."


“Hoy ha amanecido igual que ayer, igual que tantos días.
El susurro de un viento frío, distante, me ha hecho estremecer hasta el punto de que mi escalofrío despertó también a Naila. Como cada mañana, un resplandor me inundaba el alma y templaba mis mejillas: su mirada. Era cálida y gélida a partes iguales, un despropósito de la naturaleza tan sublimemente aprovechado. Con ese candor dulce y grisáceo, como el cielo, arrancó mi primer día de búsqueda. En realidad llevaba buscando algo toda mi vida, cada segundo que pasaba en soledad, pero esta vez había decidido ponerle un nombre a mi objetivo: la tumba de mi padre.

- Esos ojillos de gato me dicen que aún estás soñando – dijo Naila después de regalarme una caricia en el pelo.
- Ya sabes que sueño contigo. Así que al abrir los ojos y verte no puedo sino seguir soñando – respondí.
- ¡Qué poeta te vuelves cuando estás cansado! Aunque en realidad lo seas siempre, me sorprende saber que sólo lo eres conmigo.
- No te demores. El tiempo aún no se alió conmigo.

Recogí las mantas del suelo, totalmente empapado. En mi cuerpo sentía la humedad chascar mis huesos y entumecer mis latidos, aunque era una sensación tan rutinaria que ya ni me causaba mayor preocupación. Dormir al raso no era el problema. Dormir a su lado sí lo era.

Haciendo acopio de fuerza me puse a caminar sin que el cielo me hubiera dado su consentimiento. Por el contrario, los goterones traspasaban la lana como agujas en piel ardiente. No me importaba en absoluto. Saber que tarde o temprano le encontraría era lo que conseguía que un pobre diablo avanzara con paso firme en mar de lava ardiente.

Al abandonar Roncesvalles eché la vista atrás por primera vez. Recordé mi infancia sin saber cómo y me vi sentado en la butaquita de la entrada de casa, esperando las típicas visitas que importunaban a mi madre.
Se decía en el pueblo que no había nadie mejor en la zona con las hierbas y pócimas naturales, que mi padre. Un ser que se había anclado al pasado, siguiendo la ilustre tradición de los curanderos.
“Yo sano lo insano con sanos remedios” – solía repetir una y otra vez.
Pues allí estaba yo, tan niño, sonriendo a la señora Julia con sus reumas y al padre Pastor, con sus molestias de hígado.

- Mira que es simpático este crío – decía el cura – De mayor serás un cristiano ejemplar, Nerón.
Lástima que, como tantas otras veces, el padre se equivocara de pleno.

Nerón. Un bonito nombre para un loco, para un vividor de la vida, para un artista sin su musa o con musa equivocada. Jamás podré entender porque mi madre escogió a ese famoso Emperador. César o Marco Aurelio podrían haber sido nombres perfectos para mí.
Pero no. Seguro que papá tuvo que ver con todo aquello. Ni lo sé, ni me importa.
En realidad, amando el tiempo y las horas muertas he aprendido a amar también mi nombre. He aprendido a amar tantas cosas…
He descubierto que la vida no siempre es tan dulce como la señora Julia pretendía, ni tan espiritual como Pastor alegaba. No es que no crea ahora sus palabras, ni que sepa que, aún muertos, sus más allegados no han ido jamás a visitar sus lápidas… Simplemente comprendí que su falsedad era tan ruin que sus palabras carecían de sentido verdadero.
La señora Julia, tan pulcra y presumida, fornicaba a todas horas con un joven aprendiz que trabajaba para su esposo. Así, sus reumas eran tan frecuentes como placenteros. Y qué decir de Pastor que un buen observador no hubiera percatado. Rezando pasaba las noches a su virgen verdadera: una escondida botella que siempre permanecían bien llena.

Cosa es cierta que el hombre es falso por naturaleza mas no hay que optar por esconderse tras ella.
Algo así sólo lleva a un camino: ninguno.”

 Oculto tras el espejo. Nerón.
(...)

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