"Del mismo modo que tu rostro está maravillado a la vez que asombrado por tal relato, querida mía, del mismo modo quedé yo cuando lo leí por primera vez aquella mañana de Julio.
Ya sabes que, como todo ser humano, la curiosidad a veces me vence. Por eso decidí que, sea como fuere, hablaría con aquel peregrino, el que se hacía llamar Nerón, y le preguntaría sobre su enigmática historia.
Sin embargo, y como tú misma comprenderás con el tiempo, los misterios más puros y más hermosos se nos presentan por sorpresa, cautivándonos. Pero esos mismos misterios guardan en su interior la inevitable cualidad del no saber. Así llegué a darme cuenta de que, por muchas preguntas que hiciera, aquel relato sólo iba a ser el principio de un imparable tobogán de enigmas. Enigmas que juntos, si te parece, querida mía, iremos descubriendo.
Por nuestra vida pasan en tropel miles de rostros a los que no prestamos la más mínima atención. A pesar de esto, es sabido que el ser humano no puede vivir en soledad sin acabar loco de cuerpo y alma. Es extraño, Laura, que esos a los que llamamos desconocidos, en un momento dado, en una situación incontrolable por nuestra voluntad, se conviertan en compañeros. Son gente que pasa por tu vida sin hacer mucho ruido pero que son la sal de nuestra existencia.
Todo esto para intentar que comprendas todas las contradicciones que vivimos hoy en día. Aquellas compañeras de habitación de aquel día, desconocidas en el sentido más amplio y estricto de la palabra, se habían convertido en eso mismo, en compañeras. Yo creo que la vida oculta una hipocresía involuntaria pero presente, en la que nuestros iguales pasan de ser nadie a todo en un abrir y cerrar de ojos. Este Camino hubiera sido horrible, imposible, sin gente que estuviera a mi lado y que irás conociendo con el tiempo. Pasaron de ser nada a ser todo con una facilidad pasmosa y preocupante. Más aún si te dijera que muchos de ellos, hoy en día, vuelven a ser figuras que se cruzan en mi camino sin que las preste apenas atención. Espero con todas mis fuerzas, que son más de las que imaginas, que seas siempre, querida mía, un todo en mi vida.
Así pues, las Tortellini (las dos jóvenes italianas) y la Reina de Inglaterra (la señora inglesa con más de 40 primaveras sobre sus hombros), se portaron bien aquella mañana. Sencillamente porque me hicieron comprender que, por muy difícil que parezca, si dos personas quieren comunicarse, lo consiguen. Por muy italiano, inglés o checo que seas. Y así, querida Laura, con la agradable sorpresa de que “puedo” hablar italiano y con la incertidumbre del nuevo día, comenzó esta segunda jornada de Camino. "
(...)

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