Las llanuras infinitas al otro lado de El Perdón
Por si al lector le flojea la memoria, muy justificada sensación después de una nueva ausencia prolongada, recordar que Salva había enfilado el Alto del Perdón nada más asomarse las primeras luces del alba. Para explicar el purgatorio personal que vivió durante su ascenso y su bajada, nos deleitaba con una historia hecha cuento sobre la ciudad maldita de Montemar.
Con una enseñanza cerraba la última de las cartas: nada es lo que parece y la soberbia solo puede ser aplacada por el perdón.
He aquí cómo continúa esta historia.
Ojos de Lobo
VII.- Cruce de caminos…
"El ser humano nunca dejará de sorprenderme. Hace tiempo pensaba que tras una dificultad, tras un obstáculo que uno considera insalvable, lo más lógico era detenerse y reflexionar, darle tiempo al tiempo y por un momento dejar que todo volviera a su sitio. Pero de un tiempo a esta parte he podido comprobar, en esta lucidez esquiva, que somos de todo menos lógicos. Y sabes, mi niña… doy gracias a la Fortuna de que así sea.
No creas que esto se queda en una simple reflexión como tantas otras en estas cartas… no. Todo esto viene de ese sentimiento extraño que inundó mi alma cuando llegamos a Uterga, el pueblo de recias casonas de piedra que nos esperaba nada más concluir la bajada del Alto del Perdón. Allí, Carlos y yo decidimos pararnos. Por si no te diste cuenta, querida mía, Uli ya no estaba con nosotros. Parece ser que para él la subida resultaba mucho más liviana y pronto nos adelantó cuando aún nos quedaba mucho por acariciar la panza de los gigantescos molinos de viento que guardaban la cumbre. Lo cierto es que no había ningún tipo de lazo de amistad más que la de tres personas que compartieron una tarde de reflexiones y que comenzaron a andar juntos a la mañana siguiente, más por curiosidad mutua que por otra cosa.
Así las cosas, Sam y Frodo hicieron un alto en el camino para recuperar fuerzas y para que un servidor se diera cuenta de que cada vez le dolía más la rodilla izquierda. Pero he aquí lo que pretendía explicarte, Laura, las incongruencias humanas: aún estando agotado, aún teniendo que morderme el labio para no soltar un quejido de dolor cuando apoyaba la rodilla, aún así, mi corazón estaba presto a seguir caminando. Es más, casi no quería ni detenerme allí a perder el tiempo y las ansias por continuar hacía la meta eran casi más poderosas que la sed acumulada. ¿Puedes creerlo?
Cómo nos sorprendemos a veces de nosotros mismos, ¿verdad? Quizá ahora, tras este transitar por un sendero de emociones contradictorias, caiga en la cuenta de lo que significa tener ganas de luchar a pesar de las adversidades y del dolor irremediable.
Tomo conciencia hoy, aquí, perdido del mundo y de tu estela, de cómo el corazón siempre manda en estos asuntos y que cuando la mente se inmiscuye, quiera ser para bien o para mal, es cuando el duendecillo de la ilusión empieza a quedarse afónico. Y entonces, es posible que ya no te grite lo feliz que eres a pesar de que sufres, o quizá ya no te sorprendas a ti mismo repitiendo sus palabras de “merece la pena dolores así, si hay meta certera que te recompense”…
No lo sé. Quizá me haya pasado alguna vez… quizá nos haya pasado.
Y ante una verdad tan indiscutible sólo puedo responder con unas escuetas palabras: aprende, Salva… aprende."
(...)


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