Templo del Albergue de Cizur
"Últimos compases del día. Últimas reflexiones antes de preparar la cena, bien merecida, por cierto.
Lo primero la visita obligada al pueblo, aunque a decir verdad lo más bello era el albergue donde nos hospedábamos. Se trataba de una antigua fortaleza de la Orden de Malta. Conservaba un enorme y robusto torreón cuadrado y la iglesia, donde los peregrinos más rezagados iban a dormir aquella noche, sin la comodidad de un colchón, pero con el aura mágica que rezumaban aquellas frías piedras.
Después, tocaba hablar con los más allegados. Con mi madre, mi abuela, con esas personas que sabían de mi andadura y que me daban ánimos desde allí. El dolor de mi pie iba remitiendo por lo que me pareció absurdo comentarlo y preocupar innecesariamente a los que más me querían y más rogaban por mí en aquel fresco crepúsculo en Cizur.
Volviendo al dolor, me di cuenta de que no era nada muscular, sino simplemente un error de principiante. Me había abrochado demasiado prieta la bota y eso me oprimía el pie de tal forma que tras varios cientos de metros, el dolor era insoportable. Falsa alarma, querida mía, parece que los fantasmas se desvanecen.
Pero no puedo concluir esta carta sin hablarte del verdadero fantasma que mis ojos volvieron a contemplar aquel día. Sí, él, el extraño peregrino, Nerón.
El azar no tuvo nada que ver con ello. Al igual que muchos otros, ni apuesto por el azar ni creo en la casualidad. Sea por lo que fuera, sentí unas ganas enormes de ver la iglesia por dentro, de contemplar cómo iban a dormir los peregrinos menos afortunados que no habían llegado a tiempo para dormir en una litera. Me recibieron enormes banderolas que colgaban del techo, como si me hubiese teletransportado a la época en la que aquel templo vivió su esplendor. Enormes estandartes que mostraban impasibles los emblemas de los antiguos reinos de Aragón, Cataluña, Castilla… así como la Cruz de Malta y otros símbolos de corte medieval que me fascinaron.
Justo bajo la bandera en la que campaban a sus anchas leones sobre campos rojos y flores de lis sobre campos azules, un peregrino vestido con capa y cubierto su rostro con un celeste pañuelo, escribía sin prisa sobre un pergamino en perfectas condiciones. Si no hubiera sido porque una gran parte de los peregrinos que se encontraban allí ya intentaban dormir, hubiera pasado sin reparo y compartido con Nerón algunas reflexiones sobre su anterior relato. Sin embargo sólo observé, desde la puerta de la sólida iglesia, mirándole. Amontonándose en mi cabeza pensamientos, emociones, dudas y espíritus de diversa índole que me invitaban a soñar con que aquel extraño acompañante resultaría, al fin y al cabo, una razón más para continuar caminando."
(...)


Me alegra ver que Nerón aparece de nuevo, ya casi lo había olvidado! Y sobre todo, tengo muchísimas ganas de saber más de él... bueno y para no mentir, saber mucho mas de Salva...
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