domingo, 12 de septiembre de 2010

Carta V Buen Camino... (7ªparte)

Al fondo, aquello que parece una iglesia que parece un castillo, el albergue de peregrinos de Cizur Menor, antigua encomiendo de los Caballeros de Malta.
Un lugar así, no se encuentra todos los días

Ojos de Lobo


"Por eso, Cizur significó el más ansiado oasis que nunca habría imaginado. Y como en el árido desierto, el paraíso de este lugar ha sido el agua. ¡Cuántas veces, en mi niñez, habré dicho a mi madre que no quería ducharme! Cómo cambian las cosas.
Mami, sé que me estarás leyendo, estés donde estés, así que tengo que confesártelo: ha sido un placer sin nombre el pasarme quince minutos bajo el agua, a veces tibia, otras fresca.
A esto hay que sumarle la comida. Carlos y yo nunca habríamos imaginado encontrarnos con una cocina tan bien acondicionada en la que poder cocinar (cómo si fuera algo del otro mundo). ¡Qué sonrisa ha florecido en mi semblante al ver como los filetes chisporroteaban en la sartén y la sopa humeaba en aquel cacillo deformado! Cuchillos, tenedores, un vaso en el que beber agua sin limitación… ¡La tierra prometida, querida mía!

Además de eso, lo más interesante que aún le faltaba por vivir a la Compañía del Camino era la tarde de relaciones públicas que le esperaba. Como quizá hayas adivinado tras esos meses a tu lado - esas horas en las que pude nadar sin temor en el manantial de luz que es tu mirada -, soy una persona a la que la soledad, a veces, es fiel y buscada compañera. Pero a pesar de eso, en esta aventura nunca viene mal encontrarse gente como tú, peregrinos, con los que quizá lo único que compartas sea la meta pero con los que seguro compartirás, al menos, vuestra soledad. Y no me negarás que una soledad compartida es casi como un amor que florece, nunca sabes hasta donde llegará, pero seguirá creciendo mientras sol y agua, vuestras soledades, lo alimenten.
Las nuevas soledades han llegado, en primer lugar, de la mano del Hospitalero, el individuo que está al cargo del albergue de peregrinos. Aquel hombre, que hoy recuerdo con un cariño enorme, era tan cordial y tan amistoso que daban ganas de llevártelo en la mochila. Era como si nos conociera de siempre, como si con sólo llevar el apelativo de peregrinos ya fuésemos como parte de su familia. A decir verdad, fue así precisamente como me sentí, integrado en esa familia, ahora que la mía estaba lejos y la añoraba con todas mis ganas.
Además, hablé con la primera peregrina española: una chica catalana, de aspecto peculiar, que me ha parecido algo sosa pero que al menos ha sabido seguirnos la conversación con inteligencia y desparpajo. Sin embargo, en ese momento lo más impactante y a la par interesante de aquella mujer fue su arpa de boca. Un instrumento muy escuchado en esas películas del oeste que tanto odio, pero que cuando tú mismo lo tocas resulta divertidísimo.

Y Cizur seguía guardando sorpresas relacionadas con las más extrañas melodías. Ulrich, el que amistosamente se hacía llamar Uli, era un chico alemán con rastas, rubio y de ojos azules que era todo un poema para la vista. Estaba claro, querida mía, que hoy nos tocaba conocer a gente rara. Aunque… ¿acaso no lo éramos nosotros? Pero para raro el aparatoso instrumento musical que Uli llevaba consigo siempre, durante todo el Camino. Un arpa de boca, una flauta, son fácilmente transportables pero no lo es tanto un Didjeridú, que no es otra cosa que ese instrumento originario de Australia y que, básicamente, es un tubo de más de metro y medio de largo por el que se sopla y se obtiene un sonido deliciosamente inconfundible y que seguro habrás escuchado, mi niña.

Con este panorama tan prometedor y después de darme cuenta de que eso de hablar inglés no es para el que sabe, sino para el que menos vergüenza tiene, cómo iba yo a imaginar que el atardecer, que la puesta de sol, me iba a traer aún más sorpresas. De nuevo, mi vida, me quedaba mucho por aprender de los vericuetos del destino. Y hoy día, tanto este peregrino, que te adora, como tú misma, de sonrisa embrujadora, seguimos aprendiendo del destino… ¿o no?"

(...)

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